Se encuentra en el muro de mi habitación
que da hacia el exterior:
un metro diez de alto por un metro de ancho,
a un metro del piso.
Lugar ideal para que pueda contemplarlo
desde mi cama acostado,
con la mirada perdida
en su profundidad
La imagen dinámica y brillante de su contenido
ilumina mi oscuro recinto estático,
pintando en mi interior
la visita artificial de un dios.
¡Vaya antitecnología!
Hacía que mis antepasados puedan disfrutarla,
contemplarla y vivirla,
pero mas allá del marco que me limita.
¡Ensánchense jambas!
¡Elévate dintel!
¡Sublímate ante el umbral, alfeizar!
Deja tu apariencia para ser mi realidad.